10 abr. 2010

Final en la laguna


Para mí, el estilo literario de José Agustín sigue siempre una línea clara y constante: el humor. En cada obra que he leído del autor, ese sello está presente. Conocí su trabajo con "Vida con mi viuda", continuando con "Dos horas de sol" y después "Ciudades desiertas".

Hace poco comencé a leer una cuarta novela del escritor guerrerense, y recientemente la he terminado. Se llama "Se está haciendo tarde (final en la laguna)". La escribió en 1973, y los indicios de la psicodelia setentera son evidentes en cada página y los personajes están dotados de un valemadrismo propio de esa década.

Es la historia de dos viajeros que no han echado, ni echarán, raíces en ningún lugar del planeta. Rafael y Virgilio se reencuentran en Acapulco, y es ahí donde tendrán el día más intenso de sus vidas. Pie de la cuesta, La quebrada, la zona costera y hotelera y unos cuantos restaurantes son el escenario de una serie de conflictos internos en cada uno de los personajes, que detonan siempre por acción de las drogas que usualmente Virgilio les regala. Uno es dealer y el otro es lector de tarot -inútil, poco creíble, un chiste, pero capaz de mover el mundo de aquél al que le lee el destino con una sola mirada que le dice 'hay más en estas cartas de lo que quisieras escuchar'-

Virgilio conoce a dos mujeres que viven en el puerto: Gladys y Francine. Ambas son mujeres maduras que vivieron sus mejores años cuando los setenta ni siquiera empezaban y hoy son dos imágenes en decadencia de lo que alguna vez fueron. Gladys vive aterrada por un pasado que apenas se nos es bocetado y Francine por un futuro que día a día se vuelve presente y la muestra al mundo con un rostro destruido.

Y juntas comparten departamento con Paulhan, un joven gay con indicios de vida de la era new age, y que en cierto momento se vuelve el único eje que evita que el libro se vuelva un torbellino de miedos, rabia, soledad y vicios.

Es para mi, uno de los mejores libros mexicanos que he leído, aunque no el mejor del autor. Todos los personajes, tal vez exceptuando a Paulhan, son verdaderamente horribles personas. Sus mentes están llenas de todo lo que hicieron y que por salud mental no debieron haber hecho. Las descripciones de los viajes con ácidos y marihuana de los personajes está contada de una forma magistral y 10 páginas completas narran lo que ocurrió en 10 segundos de intoxicación. Cada personaje tiene una psicología propia y sus matices son tan claros y definidos que chocan entre ellos cuando deben hacerlo, justo como en la vida real.

La historia se adapta a los personajes y no al revés. Y con cada cambio de escenario, ésta se renueva y Rafael, Virgilio, Francine, Gladys y Paulhan se reencuentran con sus esencias solo para darse cuenta que quieren regresar -¿a sus casas? ¿en el tiempo? ¿al camino correcto?- porque ya se está haciendo tarde...

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