16 abr. 2010

Caín


Me ha tocado escuchar que José Saramago es un comunista, de tendencias más liberales, pero comunista al final; que en sus libros siempre se asoma un trasfondo político ideológico relacionado a esos regímenes. También se sabe que una de las características inmediatas de esa corriente es la supresión de toda práctica y teoría religiosa, siendo en la mayoría de los casos las religiones cristianas las más directamente afectadas.

Saramago en su novela Caín retoma una de las historias más emblemáticas del Antiguo Testamento para darnos su visión y su propio enfoque a la palabra de Dios, como lo hizo anteriormente en El evangelio según Jesucristo. El escritor retoma, como punto de partida, el momento bíblico que más debate genera con la ciencia: la creación. Adán y Eva, un fruto, la tentación. Y la confrontación, el rencor al que los creó y así los expulsó. La seducción de un ángel. Y siempre mostrando su desacuerdo con lo escrito en la Biblia.

Así, continúa con la historia de Caín. El marcado, el asesino, el errante. Con un ir y venir en el tiempo Caín conoce a Abraham, a Lilith y a muchos más. Y en su recorrido desata toda clase de dudas sobre las verdades más básicas de las religiones judeocristianas, rayando en lo blasfemo, pero siempre dejando en el lector el espacio para la duda.

Como todo libro de Saramago, una obra brillante.

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